Desde Dentro de Cuba.

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23 de julio de 1999

EL REVERSO DE LAS MEDALLAS El éxito del deporte cubano es indiscutible. Lo criticable es el exagerado barniz político con que el régimen disfraza los triunfos. Por Iván García, Cuba Free Press

La Habana, Cuba Free Press.— El presidente Fidel Castro siente un morbo inusitado por los combates y las guerras. No hay sector de la economía o la cultura que no utilice la retórica militar. El deporte no es una excepción.

En los abanderamientos que Castro suele hacer a las delegaciones deportivas de la isla, que asisten a juegos olímpicos, mundiales o panamericanos, las consignas patrióticas y las palabras "batalla", "combate" y "dignidad" se repiten con demasía.

Los panamericanos que el 23 de julio comienzan en Winnipeg, Canadá, son para el mandatario cubano "una batalla más por el honor de la patria". Tras 40 años de una revolución que en sus inicios despertó grandes expectativas y que al finaliza el siglo ha sido un gigantesco fraude, quizá sea el movimiento deportivo uno de los pocos sectores del país que aún le sonríe el éxito.

No es nuevo que los gobiernos totalitarios dediquen grandes esfuerzos para que sus atletas resalten. Es una manera de mostrar la supuesta superioridad del comunismo sobre el capitalismo. Las antiguas RDA y URSS fabricaban atletas como si fueran salchichas. Todo en pos de la gloria para hacer luego la apología del comunismo. Pero hace diez años el socialismo en Europa desapareció.

El gobierno cubano, con su obstinación de siempre, parece no haberse dado cuenta y sigue aún con su discurso desfasado. Pero la marea de deserciones deportivas –más de 40 peloteros, boxeadores, entrenadores y otros— a partir de 1991 le han hecho poner un poco los pies sobre la tierra.

El deporte mundial es un espectáculo y genera millones. Cada vez se globaliza más. Es normal ver que un brasileño juegue en ligas de Italia o un japonés brillar en Estados Unidos.

El futbolista Ronaldo o el pelotero Samy Sosa ganan salarios de seis ceros pero tienen que consagrar sus vidas al deporte. Hasta hace un par de años, Cuba vivía en el idealismo de que sus atletas fueran los mejores, compitieran por placer y a cambio aceptaran un sueldo de miseria. Esto creo una crisis. Algunos, como los hermanos Liván y "El Duque" Hernández prefirieron abandonar la patria y triunfar en el béisbol de Grandes Ligas de Estados Unidos.

Ahora los jerarcas del deporte nacional se han asustado ante la posibilidad de una caída en los éxitos deportivos y han permitido que atletas de varias disciplinas, como el voleibol y el balonmano, compitan en clubes foráneos.

Cierto que el régimen engrosa hasta el 80 % de los salarios pero los deportistas se sienten satisfechos pues están seis meses fuera de la isla –repleta de necesidades— y pueden ayudar a su familia con los benditos dólares.

Boxeadores y beisbolistas claman por insertarse en ligas profesionales. No hay todavía una respuesta oficial pero debe estar en camino: el goteo de deserciones podría aumentar. A modo de paliativo, el instituto de deportes –INDER— ha decretado aumento en los salarios de estrellas olímpicas como Javier Sotomayor o Félix Savón, que a partir de este año ganarán 600 pesos –unos 30 dólares— y a los que la necesiten se les entregará viviendas.

Es bien poco comparado con las millonarias entradas que pagan en Estados Unidos y otras partes del mundo. Para algunos atletas esto es una tentación. A falta de incentivos materiales Castro recurre a frases patrióticas y al acostumbrado chovinismo, con el objetivo de levantarle la moral a los deportistas.

Salvo excepciones, loa atletas no se identifican con ese discurso enlatado y pasado de moda. Si más no se marchan es porque tendrían que abandonar a sus familiares y renunciar definitivamente a su patria.

A pesar de ello no sería una sorpresa si en estos panamericanos se producen nuevas deserciones, como acaba de ocurrir con cuatro jugadores de baloncesto, y un tirador del equipo nacional. Esperemos.

Mientras, en el plano deportivo, Cuba debe volver a brillar. Asistirá a Winnipeg con lo mejor de su arsenal competitivo. Campeones mundiales como el saltador de longitud Iván Pedroso, el boxeador Maikro Romero o el fabuloso pelotero Omar "El Niño" Linares cautivarán a la fanaticada canadiense.

Por lo tanto, es un pronóstico seguro que la isla ocupe el segundo lugar por países, detrás de Estados Unidos.

Esta actuación dejaría satisfecho a Fidel Castro, que es un férvido amante del deporte. El mismo fue un atleta notable. Pero por encima del regocijo natural que siente cualquier cubano ante un triunfo de sus compatriotas, está el interés personal de que con las victorias deportivas podrá hacer apologías de su revolución.

Más que el valor de las medallas, para Castro lo que cuenta es la política.

Iván García, Cuba Free Press


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