Desde Dentro de Cuba.

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La Habana, 16 de agosto de 1998, Cuba Free Press.

A PROPÓSITO DE LOS JUEGOS DE MARACAIBO El ego del deporte. Por Iván García, Cuba Free Press.

La Habana, Cuba Free Press.-- Los Juegos Centroamericanos y del Caribe son las competencias deportivas regionales más antiguas del mundo. Desde su surgimiento en 1926 hasta los recién inaugurados en Maracaibo, Venezuela, las confrontaciones entre atletas del área han estado marcadas por la hermandad y la fraternidad en estos 72 años.

Cuando en 1959 Fidel Castro y su legión de barbudos llegaron al poder e instauraron en Cuba un sistema totalitario traspolado de la Unión Soviética, el deporte comenzó a ser una prioridad del Estado. Como ocurre en toda sociedad de ideología radical, el movimiento deportivo se convirtió en una forma de demostrar la superioridad del comunismo sobre el capitalismo. Los atletas comenzaron a ser una suerte de embajadores itinerantes, voceros del sistema y el deporte pasó a ser una vitrina sagrada de los logros de la revolución, junto a la salud, la educación y la cultura.

De forma exagerada el gobierno cubano apuntala y subvenciona la actividad del músculo no obstante las tremendas limitaciones padecidas en estos momentos por la depauperada economía nacional. A pesar de esas circunstancias el escenario idóneo para entonar loas y añejos cantos de sirena son las competencias centrocaribeñas. En ese marco regional Cuba puede exhibir su poderío y arrollar a los adversarios.

En la versión decimoctava de los juegos de Marcaibo, la mayor de las Antillas asiste con toda su artillería deportiva: los multicampeones olímpicos y mundiales Javier Sotomayor, Iván Pedroso, Ana Fidelia Quirot, Pablo Lara y Félix Savón. Por decisión del gobierno de La Habana, los potentes equipos de béisbol, voleibol (femenino y masculino) y el básquet para mujeres acuden al estado venezolano de Sulia para demostrar a sus rivales que ellos son "los mejores" porque "el sistema socialista es superior".

Lo realista y justo hubiera sido acudir con figuras nuevas y foguearlas en la cita del Caribe, donde existe un bajo nivel competitivo pero a los jerarcas del deporte cubano los deslumbran las victorias y el brillo de las medallas. Es la política superpuesta al deporte. Últimamente a los líderes de la isla les gusta repetir que "los caribeños somos hermanos" pero no pierden la ocasión para patentizar que "somos el hermano mayor". Tras esa actitud con visos chovinistas se esconde una variante del socialismo imperialista que durante décadas trató de exportar la revolución y el desorden a América Latina.

Después que la historia arrasara con las "democracias populares" de Europa del Este, la dirigencia cubana en su contexto actual de pobreza se contenta con exportar médicos y entrenadores deportivos. Lo que importa es mantener el ego, sea como sea.

Humberto Rodríguez, ministro cubano de Deportes, en una conferencia de prensa celebrada en Venezuela declaró, satisfecho, que el "secreto de nuestros éxitos deportivos se deben a la revolución" y recordó que Cuba presta colaboración técnica en materia de deportes en 15 de las 32 naciones presentes en los juegos de Maracaibo. CANDIL DE LA CALLE

La otra cara de la moneda es el gran número de deportistas cubanos que viven en condiciones precarias en su país. Muchos están a la caza de un viaje al exterior para vender ron, tabaco, prendas de oro o cualquier mercadería que les propicie unos dólares extras que a su regreso les permita una vida mucho más llevadera. En cada viaje los deportistas-comerciantes tratan de venir cargados de artículos de las "corrompidas sociedades de consumo". Es un modo también de mejorar su estatus.

Esa cuestionable actitud no impide que en los centrocaribes los atletas cubanos coreen el lema "patria tu dignidad nos inspira a regresar victoriosos" ni tampoco que a sus colegas del Caribe les pidan desde pañales deshechables para un hijo recién nacido hasta zapatillas Nike para uso personal. Los hay que preferirían no regresar porque la mayoría de los deportistas cubanos desearían medirse con los mejores. Ganar lo que su talento les dé y poder entrar y salir libremente de su país. Como esto por ahora es imposible, a los que se deciden por el profesionalismo no les queda más remedio que desertar y soportar que en Cuba los tilden de "traidores y vendepatrias". El mismo derecho arrogante utilizado para identificar patria con Fidel y socialismo hace olvidar que el deporte hoy en día es un espectáculo. Los protagonistas son los atletas a quienes se les paga de acuerdo a su calidad.

Maracaibo es la nueva convocatoria de la revolución. En ella los deportistas cubanos han sido instados a ser más rápidos, saltar más alto y a ser más fuertes. Pero detrás de esas metas habita otra realidad: somos un coloso en los deportes pero tenemos los pies de barro.

Iván García, Cuba Free Press.


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