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La Habana, 22 de agosto de 1997, Cuba Press.
Moneda Nacional. por Raul Rivero, tomado del libro "Pruebas de Contacto".
Estaba amaneciendo y dentro de una hora la trasladaban para la carcel de mujeres de Manto Negro al sur de La Habana. Se vestia sucia y abandonada en la cama sujetada a la pared por dos cadenas. En el bolsillo de su jean, ahora pesado ya, pero contra su piel, habia hayado un billete de 3 pesos, doblado 32 veces, la figura del Che Guevara, imperceptible ya, sobre el fondo naranja. Estaba cansada y pesimista y un poco enferma. Pero iba a cumplir 2 anos de prision y tenia que seguir viviendo. Eso, tenia que vivir para su lucha para volver a los hijos, a los amigos, a la gente querida, para sentirse otra vez joven, limpia, bella en una playa o en una fiesta con mucha musica y mucha alegria.
Tengo que avisarle a mi familia, penso. Enseguida se puso a alizar el billete opaco, como de goma, empercudido por su paso de mano en mano, de gente probre. "Tengo que avisarle a mi familia". Ahora salieron las palabras y fueron una a una hacia el techo obscuro de la celda. La mujer pequena y delgada que estaba sentada frente a ella en la otra cama, le dijo sin mirarla: "yo tengo un mocho de lapiz, ve a ver si te sirve para algo".
Tomo el mocho de lapiz y vio su barra perdida en los bordes de la madera. Con esa materia roma y gris, escribio en el billete: "soy Mercedes Parada, me llevan para Manto Negro, el que se encuentre este mensaje, favor de llevarlo a mi familia, a la Casa No. en la Avenida 81 entre 114 y 116 en el Reparto Los Angeles, Marianao.
Una hora despues, dentro de la pequena furgoneta rusa, marca Was, conocida por los cubanos como wasabita, Mercedes comenzo a buscar una hendidura, un pequeno hueco en el piso para dejar caer el billete de 3 pesos impreso en secreto en un taller de China o de Checoeslovaquia. Antes de salir del municipio lo tiro en la calle, se sentia triste y sola, muy sola. Mientras el carro buscaba las ultimas casa de la ciudad.
Al atardecer, entre dos luces, un desconocido toco a la puerta de la casa de Mercedes, saco del bolsillo un billete estrujado y escrito y le dijo a la muchacha que estaba en el umbral: "Este dinero es suyo". FIN
Por Raul Rivero, tomado del libro "Pruebas de Contacto".
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